En la escuela nos enseñan a “leer”, entendiendo este concepto como el acto de juntar letras conformando palabras, sin importar mucho la calidad de la comprensión lectora. Este hecho, aunque es una mínima ganancia y nos saca de las estadísticas del analfabetismo, no es suficiente para saber leer.
Leer es un acto de altísima complejidad y su aprendizaje compromete todas las facultades mentales de una persona. Es una actividad de mucha exigencia intelectual y el sistema educativo no ha podido; por lo menos en Colombia, crear con calidad el hábito lector desde las primeras etapas de la educación primaria.
Leer mal cualquier texto es una tarea simple; solo basta juntar las letras y mal interpretar las palabras sin lograr entender o extraer la idea principal que nos quiera transmitir el autor. El problema se agrava, en la etapa más adulta cuando, sumados a las deficiencias de nuestra primera educación, llegamos a ser lectores triviales, de esos que se acostumbran a la parcialidad del texto, de esos que desprecian toda la estructura literaria enfocándose en leer solo una parte del documento, perdiéndose del verdadero placer que significa la lectura. Dicho de manera resumida, sin usar eufemismo, nos hemos convertido en lectores mediocres, en lectores cafres.
De manera general,
sin entrar en juicios individuales, y dejando estos a los nuevos ilustrados,
quiero mencionar algunos de los lectores cafres que más se conocen en las
dinámicas sociales y académicas de hoy. No pretendo hacer análisis detallados
de los malos vicios lectores de la sociedad, pero si, como buen insolente,
quiero mencionar algunos.
Como toda paradoja
siempre oculta una ironía, empecemos por el lector cafre conclusivo. Es ese
lector qué al momento de recibir un texto, salta automáticamente a las
conclusiones; como si lo dicho por el autor a lo largo de la estructura del
escrito, fuera aserrín literario utilizado solamente para rellenar. Este lector
con multicolores subraya los párrafos que sirven para concluir el documento.
Su argumento es que
solo las mentes puras y castas “pierden” tiempo en revisar de manera minuciosa
lo expresado por el autor a lo largo del documento, pero ellos, con sus
filosofías del High Performance, se
dedican a lo importante: Las conclusiones. Es un lector fácil de encontrar en
las personas que utilizan jerga muy corporativa acostumbra al resumen
ejecutivo.
En oposición al
anterior, a continuación, analicemos el lector cafre génesis. A este lector
solamente le gusta leer el inicio del texto y revestido de una moralidad
sublime, se cree con el porte de inferir el resto. Normalmente es un lector
vanidoso y soberbio, muy escéptico de la capacidad literaria del autor. Es un
lector que cree saberlo todo y su máxima es: “¡ya todo está escrito!”.
Lastimosamente este lector no se deja deleitar con las palabras y la prosa que
se necesita para darle sentido y coherencia a un escrito.
Finalmente, se tiene
el lector cafre mixto. Es una mezcla entre el conclusivo y el génesis, con la
particularidad adicional, que es un conocedor memorístico de la definición
exacta de las palabras claves del documento. Podríamos decir que es un especializado
en términos políticos, económicos y hasta filósofos. Es el más peligroso de
todos, pues su máxima es “confunde y
reinarás” o “en tierra de ciegos, el
tuerto es rey” o “sino puedes
convencerlos: ¡Confúndelos!”. Se lee el principio del texto, las
conclusiones y se sabe de memoria la definición de las palabras claves: ¡Está
gana’o! Participa en todos los debates de actualidad nacional que se generan en
las oficinas durante las horas del almuerzo y deja con la boca abierta a más de
uno. Su maña la consiguió en la etapa colegial preparando las exposiciones ante
el grupo en el mismo salón de clases, mientras le llegaba su turno.
Un lector fino,
refinado y consumado en algún momento de su vida ha visitado uno de estos
estados de cafrería. Su evolución se
refleja en su habilidad para inferir la idea principal de un párrafo utilizando
adecuadamente las herramientas de lectura como el subrayado y el sumillado
creando su propio estándar. Un lector completo, fue un lector cafre que entró
en un estado de consciencia y rehabilitación lectora.
Por lo general, la
evolución de un lector cafre empieza cuando se vio obligado a escribir, ya sea
un reporte en su empresa, un correo electrónico para su jefe o un documento de
cierta importancia. En ese momento empieza su proceso de reinserción lectora,
pues entendió que para escribir bien, hay que leer bien y sin atajos.
Mi nivel de cafridad lectora lo puedo clasificar como:
“En rehabilitación”. Intento ser un
lector fino, pero aún tengo mucho de cafre. Ahora bien, mi apreciado navegante:
¿En qué nivel se encuentra usted?
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Escribir un comentario a esta radiografía sobra. Agradezco encontratre con tan buenas columnas.
ResponderEliminarEl mundo de la lectura no es fácil, tener el hábito de la lectura menos, la experiencia, la interpretación y la transformación son parte de un buen lector. Siempre me recreo con tus textos.
ResponderEliminarTu escrito es egregio. La lectura nos hace recordar, conocer, aprender, libera nuestras emociones, un buen libro nos lleva a sus letras, es ahí cuando tenemos intimidad con lo escrito y nos abrimos con mayor intensidad al misterio de cada libro. Aún lectora cafre.
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