Es difícil explicarlo, sólo quien la padece logra entender lo que sientes. Sientes taquicardia, la piel te suda frío, te muerdes las uñas, te halas el cabello. Sientes un vacío en el estómago, un vacío similar al de los enamorados, es como si tuvieras maripositas en el estómago, pero estás seguro que en este caso no hay mariposas, parecen más bien una solitaria que se retuerce.
Mentalmente no encuentras explicación, te frustras con facilidad, te culpas en exceso, siempre sientes que falta algo o que no estás preparado para la tarea. Te vuelves a halar el cabello, le haces pequeños remolinos en esa puntica particular. Alguien diría que es un TIC nervioso, una obsesión, pero tú, aunque no sabes cómo nombrarlo, sabes que es una neurosis.
La neurosis es un patrón de malestar psicológico caracterizado por ansiedad, preocupaciones persistentes, miedo, conflictos emocionales y dificultad para adaptarse a determinadas situaciones. El neurótico suele ser consciente de su sufrimiento, sabe que algo le ocurre, pero le resulta difícil controlarlo. Para Freud, la neurosis surgía de conflictos inconscientes entre deseos, impulsos, normas sociales y experiencias infantiles.
La neurosis puede entenderse como el costo psicológico de ser conscientes de nuestras contradicciones: Queremos seguridad, pero también libertad; deseamos ser aceptados, pero buscamos soledad; anhelamos el éxito, pero tememos al fracaso. En ese intercambio de tensiones aparece el malestar humano.
Estar neurotizado te produce ira y frustración porque no te sientes capaz. Te angustias, aunque no encuentras su real origen, te inhibes sin entender bien por qué lo haces. Pierdes la espontaneidad, te abandona la risa, llegan los constantes autorreproches, las preocupaciones catastróficas que generalmente son irreales. Aparecen fobias hacia objetos, animales o situaciones, estás en actitud combativa.
Pero intentas estar bien, decides empezar, hacer lo que toca, porque no hay otra alternativa y además, no estás loco, estas neurotizado. Te dices a ti mismo “todo va a estar bien”, te lo repites como un mantra, con golpecitos en el pecho, una y otra vez: “Todo va a estar bien”.
Y te conviertes en un ave fénix que resucita de la ceniza psíquica en la que estás. Lo intentas, te nacen unas alas más grandes que tus miedos, vuelves y repites el mantra: “Todo va a estar bien”. Y vuelves a intentarlo a pesar de la inseguridad, sin pensar en el qué dirán, sin pensar cómo va a reaccionar el otro.
Y lo encuentras, lo capturas: Te preocupas mucho por lo que pudiera pensar el otro, por la imagen que tendrá de ti ese otro. Eso es lo que dispara tu neurosis; pero lo grave es que ese otro, seguramente ni te conoce, y si te conoce, no te mira, no le importas. Como ya lo identificas, insistes, te reconstruyes. Aceptas que puedes equivocarte sin dejar de valer, aceptas tus errores, tus faltas. Luchas contra tus incertidumbres, aceptas que las certezas no llegarán. Ese día empezarás a curar tu neurosis, ese día, así llueva y existan nubes allá afuera, dentro de tu psique será un día soleado.

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